Por Mariángel Paolini. Químico y MSc. Ciencia de los Alimentos / @cocinasegura

Todos los padres esperan que sus hijos se coman todo lo que le envían en la lonchera, Sin embargo, esto no siempre sucede así y es muy posible que la razón esté oculta en la misma vianda. Hoy les comparto 5 posibles causas por las que su hijo podría dejar de comer lo que con tanto cariño usted coloca en su bolso cada día.

Ya comenzaron las clases y la lonchera se convierte en el tema de rigor, pues además de ser una extensión del hogar, desde hace un tiempo, se ha convertido en un artículo de primera necesidad. por una parte, por el ritmo de vida que llevamos, ese que nos limita volver a casa a almorzar como lo hacíamos cuando estábamos más chicos, y por otra, el presupuesto limitado ya no nos permite comer “fuera de casa” todos los días.

Seguramente usted ha vivido esa frustrante escena en la que la maestra le indica en el “diario” que su hijo o hija no se comió lo que usted le envió en la lonchera, y la angustia de pensar que estuvo sin comer durante todo el día le hace temer lo peor, se siente atacada por la culpa y por más que le pregunte, la respuesta puede ser vaga. En esta publicación hago una recopilación de lo que he podido experimentar en mis visitas a distintos colegios, comentarios de las maestras y de vez en cuando, una sincera conversación con algunos chicos.

  • La comida caliente estaba fría: Como nos acostumbramos a comer algunos alimentos calientes, pensar consumirlos tibios o fríos desanima a cualquiera. Por ejemplo, ¿se imagina comer una arepa con carne mechada recién salida de la nevera? Impensable, ¿no es cierto? Pues muchos de nuestros chicos tienen ese problema cuando descubre que su merienda de media mañana no está como a ellos les gusta, ¡como le enseñamos en casa cada día! Cuando armamos la lonchera tenemos que pensar cuánto tiempo transcurre antes de comerla, si es posible recalentar y si ese “recalentado” es óptimo y calienta de manera uniforme la comida. Usted y yo sabemos que al calentar en el microondas los alimentos no se calienta de manera uniforme y es necesario dar la vuelta, repetir el ciclo o incluso calentar por más tiempo. Eso en el colegio es poco probable que ocurra, recuerde cuántos compañeros tiene su hijo en el salón y que todos necesitan recalentar su comida…la logística puede ser complicada y en la mayoria de los casos se calienta “al toque”.
  • La comida olía raro: Lamento tener que decir que esto ocurre con muchísima frecuencia. Por lo general la lonchera se empaca muy temprano en la mañana, digamos las 6:00 am, con alimentos que en muchos casos se prepararon el día anterior (por aquello de ahorrar tiempo), viaja al cole en el piso del carro (donde se concentra la temperatura más alta del carro despuçes del propio motor), llega al salón y se guarda en un estante si refrigeración hasta las 10:00 am (aproximadamente) cuando finalmente se puede comer. ¿Qué esperaba? Tenga en cuenta que los alimentos son susceptibles a la descomposición y que a temperatura ambiente los microorganismos responsables del deterioro de los alimentos se multiplican muy rápidamente. También aplica aquí cuando la comida se mezcló una con otra y luce “desagradable” a la vista. Puede ser que no esté descompuesta, ¡pero con sólo mirarla ya se le quita el hambre! Dedique especial atención a la manera en la que empaca los alimentos, de manera que pueda garantizar que llegan “intactos” a la hora de comer.
  • Su hijo decidió comprar en la cantina: Lo admito, muchos padres y representantes sucumben a la tentación de dejarles suficiente efectivo por cualquier “emergencia” y aunque esta práctica se hace cada vez más compleja por aquello del presupuesto, a mitad de año escolar cuando las ideas se agotan y el cansancio nos vence, comprar “algo” en la panadería de la esquina o enviar dinero para que “compre lo que quiera” es una opción que resuelve el asunto. El asunto con la compra en la cantina va mucho más allá de educarlos y enseñarles a manejar efectivo. En la cantina no existen alternativas para que su hijo se entrene en el maravilloso arte de “elegir” por sus propios medios y de paso poner en práctica esos consejos que usted ha estado todo el tiempo impartiendo. La ingesta de alimentos hipercalóricos, con exceso de grasas saturadas y azúcar se convierten en lo cotidiano, y puede que en este momento pase por su mente la idea de que “una vez más que otra no le hará daño”; sin embargo, son cada vez más frecuentes los casos de menores de 10 años con diabetes tipo 2 e hipertensión, como consecuencia de hábitos inadecuados de alimentación.
  • No tenía hambre: Como la hora de comer la merienda puede cambiar de colegio en colegio e incluso de año a año, pues a medida que se hacen más grande el horario del receso es más tarde, algunos chicos pierden el apetito y esa puede ser una razón para dejar de comer lo que lleva en la lonchera. Es muy importante “ajustar” las comidas a esos horarios. Por ejemplo, sé que algunos colegios, en especial en los primeros grados, desayunan en el aula antes de iniciar la jornada escolar, por lo que la “merienda” es muy temprano y puede ser que aún no sienta suficiente hambre para volver a comer. Si a eso le suma que comió lo suficiente para saciar su apetito en el desayuno, es muy posible que deje la comida casi sin tocarla. Aquí es muy importante tener en cuenta que obligarlo a comer no es una opción, pues comer cuando no se tiene hambre puede iniciar un círculo vicioso de malos hábitos que se arrastran hasta la adultez. Si en su colegio hay una hora para desayunar previo al inicio de las actividades, es preferible que la lonchera contenga el desayuno y que antes de salir de casa haga una pequeña merienda para “romper el ayuno”. Si este no es su caso y su hijo simplemente manifiesta que no tiene hambre, verifique la rutina de sueño o tenga en cuenta si recientemente ha pasado por algún cuadro gripal… eso lo puede mantener inapetente a su hijo por un tiempo. Si la situación persiste no deje de consultar con su pediatra.
  • No le gustó la merienda: Todos pasamos por una situación similar, algo de lo empacado es “nutritivo” pero no nos gusta su sabor… Admitámoslo, con los chicos de hoy ya no resultan las estrategias “imperativas” que nos aplicaron en nuestra infancia, los chicos de ahora son más independientes y por supuesto, desarrollan sus propios gustos. Eso no quiere decir que vamos sin límites y que la lonchera será un festín de chucherías, mi invitación va un poco más allá de hacerlos simples espectadores. Involucrar a los chamos en la creación del “menú semanal” puede ser una alternativa con doble propósito: Ejercita la toma de decisiones y la negociación. Hágalo parte de la elaboración de sus propias meriendas, aprendan juntos acerca de los beneficios de cada tipo de alimento. Un chico que participa en la elaboración de una nueva receta es más probable que sienta la curiosidad por probar el resultado final, que aquellos que se topan con la “sorpresa del día” en la lonchera.

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