Gilberto Carreño / periodista ambiental – @circuloambiente

 

Entre los peligros frecuentemente mencionados en relación con el uso y abuso de las bolsas plásticas, destaca el poder altamente contaminante del aire que respiramos, por causa principalmente de la incineración de este tipo de receptáculos en los vertederos donde son depositados junto con la inmensa variedad de otros residuos en los lugares dispuestos para su disposición final.

Como es conocido, generalmente por descomposición de la basura acumulada, suelen generarse junto con los fluidos líquidos de alto poder corrosivo conocidos como lixiviados que penetran en los acuíferos, gases que provocan incendios en los botaderos y expulsan hacia la atmósfera una serie de contaminantes perjudiciales para la salud; entre ellos: metales pesados, monóxido de carbono, metano y particularmente dioxinas y furanos, asociados a diversos tipos de enfermedades respiratorias e infecto contagiosas, así como el cáncer en los seres humanos; pues su concentración en la capa de la atmósfera (troposfera) donde se encuentra ese elemento fundamental que hace posible la existencia de los seres vivientes, como es el aire, además de contribuir con el pregonado efecto invernadero que da origen al cambio climático en todo el planeta, al condensarse en las nubes y ser devuelto a la tierra, por efectos de las lluvias, contaminan los suelos y los cuerpos de agua que sirven de sustento a nuestras vidas y de donde extraemos los alimentos que consumimos.

Estos incendios, normalmente de generación espontánea, encuentran en los plásticos y especialmente en los PVC (policloruro de vinilo), entre los que abundan  los envases y bolsas plásticas, el combustible ideal para su propagación en los miles de vertederos que se ubican en toda la extensión geográfica del país, en el caso de Venezuela, donde se pueden observar con marcada frecuencia las columna de humo que avanzan hacia lo más alto de nuestra atmósfera, dejando además en el ambiente sus nauseabundos olores que le son característicos.

Debemos recordar que los componentes básicos de las bolsas plásticas son resinas provienen del petróleo, a las que se suele agregar fragmentos de metal, pegamentos y sustancias químicas colorantes, tanto en su fabricación como en la ilustración que suele imprimírseles  para usos publicitarios.

Pero, ¿a quién se le ocurre?

No obstante esta realidad, y posiblemente por desconocimiento del daño que se le puede causar a la salud de los humanos, puede observarse que existen quienes se atreven a los más indebidos usos con las bolsas plásticas, como utilizarla de combustible para avivar el fuego en ciertas aplicaciones, especialmente a cielo abierto,  como encender fogatas para proporcionar calor, alumbrar en la noche y, algo realmente atrevido: en la cocción de alimentos, especialmente en las popularísimas parrilladas criollas.

Como hemos visto, la generación de gases tóxicos, que disueltos en el aire constituyen un determinante factor de contaminación ambiental, también al ser producidos  por la acción de las personas que desprevenidamente utilizan las bolsas y otros plásticos como combustibles para avivar el fuego del carbón o de la leña para la cocción de carnes y otros productos, al impregnar o alojarse en alimentos pueden dar origen a diversos trastornos a la salud humana; igualmente, al contacto con el ambiente en determinadas condiciones, las bolsas se convierten en pequeños petropolímeros de alta toxicidad al penetrar en la cadena alimenticia donde el hombre como último eslabón podrá sufrir las letales consecuencias.

No podemos olvidar tampoco los insistentemente pregonados efectos que sobre la fauna terrestre y acuática, ocasionan las bolsas plásticas en forma directa, al ser ingeridas por los animales o, como en el caso de los peces y otras especies marinas, se ven atrapadas en ellas y convertidas en mortales víctimas. Tétrica resulta la presencia de lo que es conocido como el Octavo Continente, entre el Estado de California y Hawái, en el Pacífico Norte, conformado por una gigantesca isla que contiene un promedio aproximado de cuatro millones de toneladas de basura flotante proveniente de la tierra, donde un inmenso porcentaje de ella está integrado por bolsas plásticas.

En las manos de todos la solución

Tratándose de un problema ambiental de ilimitados alcances, científicos del mundo desarrollado se mantienen en la búsqueda de componentes, especialmente vegetales, que permitan una degradación natural de tipos de bolsas que, aun con las características de manejo y resistencia de las plásticas, resulten amigables con el ambiente. Mientras, la oferta de las denominadas ecobolsas, o las resultantes de tecnologías oxobiodegradables, así como las fabricadas con plásticos aditivos prodegradantes, entre otras existentes en el mercado internacional de estos productos, constituyen alternativas válidas para los consumidores, junto con algunas prácticas ambientalistas como la utilización de las tradicionales bolsas de telas y bolsos de fibras naturales. De igual manera, una contribución significativa de nuestras sociedades con el ambiente local y global, está representada en la disposición de cada persona de reducir su huella ecológica, mediante la reducción individual y colectiva de la producción de basura, donde juega un papel de primer orden la actividad del reciclaje.

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