Por Sofía K. Rodríguez M. Nutricionista

Existen muchos mitos con respecto a la alimentación en esta etapa de la vida, siendo una de las etapas más críticas en el crecimiento físico y desarrollo psicosocial de las personas. En esta etapa, que se define como el período de vida entre los 11 y 21 años de edad, ocurren grandes cambios a nivel biológico, social, emocional y cognitivo, debido a que es el período en que alcanzamos la madurez física a la par de cursar con otros procesos tan importantes como el desarrollo de la identidad personal. Si estás leyendo esto seguramente ya pasaste por esta etapa o tal vez la estás viviendo, de cualquier forma sabes que es un momento de nuestra vida bastante difícil, vives una gran cantidad de cambios corporales con los que debes aprender a lidiar, buscas alcanzar tu libertad bajo tus propios medios, tomando el control de tus actos, satisfaciendo tus preferencias y buscando también formar parte de tu círculo social, por lo cual la alimentación durante esta etapa se va a ver directamente afectada.

Como cualquier etapa en nuestra vida, lo importante es cubrir con nuestros requerimientos y con las recomendaciones para una alimentación saludable.

¿Cuáles son las dificultades en esta etapa?:

  • Usualmente los adolescentes no cumplen con las recomendaciones de consumo de frutas, vegetales, cereales integrales y tampoco con su requerimiento de calcio.
  • Tienden a la omisión de comidas (evitando la realización de desayuno o cena) o la sustitución por alimentos de bajo aporte nutritivo como lo son: bebidas azucaradas (desde refrescos y jugos pasteurizados hasta bebidas energizantes), frituras y chucherías.
  • Se ven influenciados por la publicidad y su medio social, considerando que vivimos en el boom de las redes sociales, los adolescentes se encuentran muy expuestos a información que no siempre es la más saludable o la indicada para estas edades.
  • Constantemente se ven bombardeados con imágenes que hacen alusión a “cuerpos perfectos”, considerando que los adolescentes son una población vulnerable a sufrir de Trastornos de la Conducta Alimentaria, se debe prestar atención a manifestaciones de descontento extremo con la imagen corporal.

¿Qué debemos fomentar?

  • Favorecer la presencia de alimentos nutritivos en el hogar, de manera que diariamente los adolescentes coman frutas, vegetales y alimentos integrales. Si un adolescente tiene en su hogar estos alimentos en presentaciones que le gusten, es más fácil que los consuma, pocos adolescentes van a ir a comprar un pedazo de fruta como merienda, pero si ya la tienen en casa es más fácil que se la coman.
  • Evitar la compra de chucherías y bebidas azucaradas para el hogar, se debe entender que estos alimentos son para ocasiones especiales. Si un adolescente abre una nevera y ve que adentro se encuentra un refresco abierto, muy de seguro se va a servir un vaso de esa bebida antes de servirse la de un jugo natural.
  • Facilitar el consumo de 3 comidas al día y 2 meriendas. Dejar preparadas las comidas con antelación (almuerzo y cena) y ofrecerle un buen desayuno antes de salir al colegio, permite que el adolescente evite la omisión de comidas y permite que se cubran sus necesidades diarias. Si un adolescente tiene que prepararse su propia comida, puede prepararse lo “más rápido” y generalmente es lo menos nutritivo.
  • Tener en cuenta que como en el artículo Niños vs Vegetales los alimentos nunca deben ser tratados ni como premio ni como castigo y en el caso especial de los adolescentes el consumo de ciertos alimentos tampoco debe ser relacionado con la imagen corporal. Si se le dice a un adolescente que el pan engorda o que debe comer célery para que rebaje estamos estimulando la presencia de un futuro Trastorno de Conducta Alimentaria.

Otro aspecto fundamental de la alimentación del adolescente es su relación con la aparición o no del acné.

En principio es importante saber que el Acné resulta típicamente de una excesiva producción de sebo que causa un bloqueo del poro en las células (foliculares) de la piel generando que las bacterias colonicen el folículo y se desarrolle una respuesta de inflamación. Como vemos la manifestación del acné es debida a una serie de “pasos” que ocurren en nuestro cuerpo y que algunos elementos de la dieta se han visto relacionado con uno de esos “pasos”, siendo el caso de la producción de sebo ya que es influenciado por mediadores como hormonas que a su vez pueden verse influenciadas por el consumo de alimentos. Si bien aún se mantienen muchos mitos de la relación entre un determinado alimento y la aparición de acné, ya que disponemos de información inconclusa en la mayoría de los casos. Algunos estudios han comprobado una relación entre los siguientes alimentos y la presencia de acné: productos lácteos, alimentos de alto índice glicémico y un bajo consumo de omega 3.

¿Qué se pudiera recomendar?

  • Evitar el consumo excesivo de productos lácteos: no exceder el consumo de 1 taza de yogur o leche al día ni consumir más de 3 rebanadas de queso al día, para leer otros alimentos ricos en calcio que no sean lácteos haz clic aquí.
  • Los alimentos de alto índice glicémico (en general) son las harinas refinadas (pan blanco, pasta blanca, etc) y algunas frutas, por lo que se recomienda favorecer el consumo de alimentos integrales y consumir frutas en porciones adecuadas (1 taza de fruta de 2 a 3 veces al día).
  • Favorecer el consumo de grasas saludables como las provenientes de pescados como la sardina y el atún, el consumo de semillas como linaza y disminuir el consumo de frituras.

¡La buena noticia es que alimentos como el chocolate no se encuentra asociado como posible influencia para la aparición de acné! Así que el consumo de chocolate oscuro (sin excesos) es permitido para los adolescentes (y para cualquier persona en general).

Referencias:

Poletti, E. y Muñoz, M. (2008). Acné, dieta y debate: un veredicto pendiente. Medicina Interna de México, 24 (5), 346-352

Spencer, E.; Ferdowsian, H. y Barnard, N. (2009). Diet and acne: a review of the evidence.International Journal of Dermatology, 48 (4), 339-347

Brown, J. E. (2010). Nutrición en las diferentes etapas de la vida.México, DF: McGrawHill.

 

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