Por Sofía K. Rodríguez M. Nutricionista

Después de las fiestas, celebraciones, reuniones, comelonas, vacaciones y descanso que queremos alargar hasta el día de reyes, no podemos escapar de lo que pudiera ser llamado  el gran lunes del año: el mes de Enero. Es el mes al que le delegamos responsabilidades y depositamos esperanzas, vemos a enero como ese botón de reinicio para nuestra vida, el momento de los grandes cambios, el mes para iniciar nuestras resoluciones, el mes en que esperamos ver hechos realidad los deseos que pedimos al son de las campanadas con sabor a uva en la boca. Ya cuando se empieza a acabar el año, todas nuestras deudas, sobre todo las que tenemos con nosotros mismos, dejamos que sean cobradas automáticamente en enero. ¿Qué hizo el primogénito de un año para cargar con semejante responsabilidad? Ser el inicio de algo diferente, ser el inicio de un año nuevo. Un año nuevo que nos permite volver a reconectarnos con las verdaderas cosas que queremos para nuestra vida. Con los inicios, tenemos la intención, la motivación y el optimismo, todo es nuevo, abrimos un nuevo cuaderno con hojas que siguen en blanco y queremos cumplir con lo prometido.Entonces enero es el mes perfecto, un regalo que se nos da una vez al año para empezar otra vez. Ya sea si crees en el borrón y cuenta nueva, en las segundas oportunidades o si la tercera es la vencida, nunca es tarde para volver a comenzar a comprometernos con nosotros mismos. Por ello te traigo estos consejos para que en este año 2017 estés más cerca de ser una versión más saludable de ti mismo:

  1. Despídete de la culpa y libérate de ese peso muerto: si los años anteriores no has cumplido ni la mitad de las cosas que querías, si sientes que te has fallado a ti mismo, te inscribiste en el gym y sólo duraste 1 mes, seguir recriminándotelo te aleja más de lograr tus metas porque sentir culpa nos paraliza y evita que podamos realizar acciones en pro de nuestro bienestar. La culpa utiliza nuestra energía vital dejándonos con baja autoestima, miedo al fracaso y desolación, qué tan lejos podemos llegar con esa energía, seguro a ningún lado, dando así más alimento a la culpa. Ahora bien, si en vez de culparnos y seguir hundiéndonos en el mismo sitio, nos detenemos, sacamos la cabeza del hueco y  nos damos cuenta de que somos responsables de nuestras acciones, que podemos seguir ofreciéndole nuestra energía a la culpa o que podemos utilizarla para motivarnos a hacer lo que de verdad queremos, entendiéndonos como personas capaces de mejorar, seguramente llegaremos más lejos, que cargando con el peso muerto de la culpa.
  2. Escúchate a ti mismo: muchas veces todas nuestras metas se basan en un “deber ser” o “deber hacer”: “debería ser más delgado”, “debería dejar de comer en la calle”, “debería ir al gym”, una idea que entendemos que puede ser buena para nosotros, pero que en el fondo realmente no estamos convencidos. Lo externo siempre nos pondrá pautas, sea para nuestro propio beneficio o para un beneficio ulterior, sin embargo el cambio impuesto desde afuera  será como un disfraz que nos colocamos por un tiempo, hasta que nos cansamos y volvemos a comportarnos de la misma forma de siempre. Es como el efecto yo-yo de las –malas- dietas, te alimentas de forma deficiente por un tiempo, lograste “adelgazar” y luego vuelves a comer igual que antes, complaciéndote, para que luego te des cuenta que volviste a aumentar de peso. El efecto yo-yo de nuestras resoluciones es que muchas veces no nacen de nuestro interior ni de nuestro amor propio. Si realmente escucháramos lo que deseamos y por qué lo deseamos, sustituyendo ese “deber ser” por un “yo quiero para mí”, sustituyendo esa resolución tipo castigo, por una resolución como un regalo propio, nos sentiremos más convencidos de nuestras metas y si flaqueamos, sería más sencillo volver a intentarlo, porque estuviéramos convencido de que es lo correcto para nosotros. En vez de “debo dejar de comer chucherías” sería “yo quiero dejar de comer chucherías porque sé que no son alimentos saludables para mi cuerpo y porque al comerlos en exceso –como considero que hago- estoy perjudicando mi salud”. En positivo y desde el amor propio, es más fácil cumplir lo que queremos.
  3. Haz de tu meta del año, pequeñas metas para cada día: Hemos dejado atrás la culpa y ya sabemos que es lo qué queremos y ¿ahora qué? Nos podemos sentir abrumados frente a esa gran meta que queremos cumplir, pero si la entendemos como un resultado de pequeñas acciones que nos van a ayudar a cumplirla, se hace más llevadero. Tenemos una meta “perder 10 kilos”, pretender que vamos a cumplirla en un mes, es caer al juego de la culpa, angustiarnos por la meta, sólo hace que dejemos de darle nuestra atención al camino y si lo hacemos ¿cómo sabemos a dónde estamos yendo? Si queremos perder 10 kilos, nos podemos plantear perder 2 al mes, obteniendo así un logro a mediano plazo, a corto plazo, podemos realizar acciones que cada día ayuden a  perder el peso que deseo de forma saludable, eligiendo cada día alimentos en función de lo que mi cuerpo necesita y destinando un espacio y tiempo para realizar más actividad física, por ejemplo. La idea es desglosar nuestra gran meta en pequeñas metas que iremos cumpliendo poco a poco
  4. Utiliza esa agenda que te regalaron: Cuando tenemos las metas claras y nuestras pequeñas acciones definidas, lo que nos hace falta es: ¡hacerlas! pero cuando hablamos de mejorar nuestro estilo de vida hacia uno más saludable, debemos aprender a organizarnos. Comer bien y hacer ejercicio un sólo día no nos va a llevar a la meta, hacerlo cada día sí y esto lo puedo hacer cuando organizando mi tiempo y mis demás responsabilidades para poder cumplir mis metas. Organizarme significa destinar un tiempo específico para hacer ejercicio que no sea utilizado para otra acción, significa saber qué tengo que comprar cuando vaya al mercado, porque si no lo compro, no lo como, significa preparar con antelación la comida, de esta manera no voy a preparar la opción más fácil y tal vez la menos sana para comer. Planificar-nos, nos encamina hacia la meta.
  5. ¡Busca apoyo! No necesitamos hacerlo todo solos, incluir a familiares y amigos en nuestras resoluciones para tener un estilo de vida más saludable es beneficioso para todos: pueden ayudarse mutuamente a realizar ciertas acciones que se hacen difíciles cumplir solos, por ejemplo: cocinar o ir al gimnasio, se pueden motivar los unos a los otros para seguir cumpliendo sus objetivos. El compromiso que adquiriste con tus resoluciones ahora incluye un compromiso con el otro, lo que nos ayuda a ser más responsables con lo que queremos. Así mismo, puedes buscar apoyo profesional para cumplir con alguna meta: puedes ir con un médico, nutricionista, psicólogo, entrenador, coach o profesor que te asesore de manera responsable y saludable en las acciones que debes hacer para cumplir con tus metas. La salud es el bien más preciado de todos, en nuestras manos queda la posibilidad de cuidarnos, alimentarnos bien, ejercitarnos y descansar para mantenerla.

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