Por Sofía K. Rodríguez M. Nutricionista

Debo confesarlo: te amo.

Me has gustado de toda mi vida, aunque no recuerdo cuando te conocí por primera vez, ese primer momento tuyo y mío conociéndonos y hacerme quedar flechada para siempre.  Aunque hayas tenido por momentos competencia, entre un helado o una galleta, ganas cada batalla con intereses.  En tabletas, bombones o derretido, como relleno o acompañante, frío o caliente, te amo así, en todas tus formas. Parecieras estar presente en cada momento importante: en una caja variada por un aniversario, en tortas horneado por un cumpleaños, en postres para finalizar una cena especial, en las meriendas de la tarde al trabajar, en una taza cuando afuera hace frío o guardado para que sólo seas mío.

Como tu sabor, amargo-dulce, así ha sido lo que han opinado de ti por muchos años: que das acné, diabetes, engordas o demás, últimamente que proteges del cáncer y das felicidad. Así de controversial eres, así de controversial te quiere la mayoría de la gente, pero lo que aún no reconocen es que tu verdadero valor no está al ser blanco ni tener leche, tampoco muy procesado o añadido con azúcares o caramelo, que tu verdadero yo es cuando eres más puro y honesto con tus orígenes, cuando más alto es tu porcentaje de cacao. Es verdad que te han usado por interés, procesándote y procesándote en grandes empresas, añadido a polvos, a leches, a cereales, a tantos productos que ni siquiera deberían ser considerados como “de chocolate” porque un sabor artificial no eres, en un sabor artificial no están tus tan beneficiosas propiedades. Muchos se asombran porque me gustas así, oscuro o también llamado negro, algunos sólo toleran una insuficiente versión de ti a la que le dicen “blanco” y la mayoría te prefieren adicionado para que quedes más suavecito con leche y entre ese más suavecito, menos están tus cualidades, esas por las cuales supuestamente la gente te prefiere. A medida que estudio más sobre nutrición, mi amor por ti se profundiza, hasta en la universidad te dedican clases enteras, salidas de campo y tareas.

 Cómo no voy a quererte si tienes todas estas propiedades: destacas como un protector para la salud cardiovascular de mi cuerpo, por tu elevada composición en flavonoides, unas innombrables partes de ti llamadas catequinas y proantocianinas, además de la teobromina. Eres rico en estos flavonoides compitiendo con el té verde y el vino tinto, por lo que también proteges mis células contra los daños del estrés oxidativo que busca marchitarme por dentro, trabajas como un antioxidante evitando que mis tejidos se inflamen y de ateromas se cubran mis arterias, por lo que entonces mi presión arterial se mantiene estable, favoreciendo la función de mi endotelio. Por lo que han recomendado comerte como un suplemento, pero más lindo suena si se dice para comerte como una merienda.

Algunos te ofenden llamándote rico en grasas, pero lo que no saben es que muchos se están interesando por estudiarlas, ya que pudieran considerarse como saludables, beneficiosas como las del coco o el aguacate, evaluando tu consumo sobre los niveles de LDL- colesterol, esos que se buscan controlar con pastillas. Y es que no sólo eres antioxidantes y grasas, también tienes minerales y vitaminas, por el cacao provees magnesio, calcio y hierro, que trabajan incansablemente en darme estructura a través de mis huesos,  permiten la buena comunicación entre las células de mi cuerpo y favoreces que del aire pueda utilizar el oxígeno, además tienes fósforo, zinc y manganeso, fósforo para que pueda haber enlaces de energía, zinc para que se divida el ADN de mis células, manganeso como cofactor de tantas enzimas, también  aportas vitamina A que trabaja en mi visión y también como antioxidante, vitaminas del complejo B necesarias para mi metabolismo, también tienes vitamina C y E otros antioxidantes reconocidos, además tienes hasta ácido pantoténico.

Ciertamente eres rico en calorías, en 100g hasta 500 calorías, pero rechazarte por ello, es no saber apreciarte y culparte a ti por falta de conocimiento. 100g es una tableta, lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a comernos los paquetes completos, pero una buena tableta puede ser bien compartida para 5 meriendas personales o entre amigas una tarde. Aunque la verdad no culpo a nadie por querer comerte por completo, no has escuchado que has dejado adicto a unos cuantos a tus encantos, porque no sólo eres nutrientes y antioxidantes, también tienes un posible efecto en nuestro humor y sentimientos. Tienes pequeñas cantidades de cafeína y teobromina, pero nunca tanto como una taza de café. Otro componente de ti que se ha estudiado, es la anandamida, un componente que tienes propiedades cognitivas, pues trabaja en conexiones de las neuronas, para el aprendizaje y la memoria, que también tiene funciones placenteras, más suaves que la endorfina, por ello dicen que haces feliz a la gente.

No cabe duda, por tus beneficios y tu sabrosura, eres de origen latino, xocolatl en tus inicios, el primero oro negro. Ahora eres clasificado por región o por especie, como de los vinos existen la clasificación por su color, por su uva, por su año de cosecha y por su región, no nos queda entonces envidiarle de vinos a chile, si del mundo tenemos el mejor chocolate. Y aquí por estas tierras húmedas cercanas de playa, estás tú criado para ser usado de forma artesanal o por grandes casas y te combinan con sabores y especias, desde café, frutas y almendras, hasta licores, sal y caramelo. Eres tanto en un poquito. Eres puro, dulce, amargo, divino. Aunque a algunas veces te engaño con cacao en polvo, una versión de ti más simple y sin gracia, pero que hay que admitirlo tiene tus propiedades y nutrientes. No hay nada mejor que encontrarte por la calle a un 70%, en una tableta aromática que me llama con deseo y tratando de controlarme busco comerme dos de tus cuadritos, disfrutándolos lentamente con mis sentidos, hay algunas veces donde sencillamente te extraño en demasía y puedo llegar a comerme los 100g por completo, pero eso es solamente en ocasiones muy especiales, aunque si te soy sincera San Valentín está a la vuelta de la esquina… así que seguramente nos encontraremos de nuevo.

Con amor, Sofía.

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