Gilberto Carreño / Periodista ambiental

En momentos cuando la población mundial reclama a gritos una mayor provisión de alimentos y de calidad de vida, la sensatez obliga a dirigir la mirada hacia esa inmensa masa de agua salada que cubre el 71 por ciento de la superficie terrestre y de la cual procede gran parte de los bienes y servicios que ofrece la naturaleza para la subsistencia de la humanidad, llamando a reflexionar sobre el trato que brindamos a esa determinante porción del planeta que constituyen los océanos.

Cinco océanos: tres mayores (Pacífico, el de mayor extensión, Atlántico e Índico) y dos menores (Ártico y Antártico), cubren una superficie total estimada en 361.000.000 km² y un volumen de 1.300.000.000 km³, cuyas aguas además de interconectar a los pobladores de los cinco continentes, constituyen el hábitat de una enorme variedad de seres vivos  y generan el oxígeno de los que se sirve el hombre para subsistir y al mismo tiempo, actúan como reguladores del clima mundial.

Estas y muchas otras razones, motivaron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a decretar en el año 2008 el Día Mundial de los Océanos, que comenzó a ser celebrado a partir del año 2009 todos los 8 de junio, para recordar a los pobladores del planeta el importante papel que cumplen los océanos como gran pulmón del mundo, para advertir sobre las consecuencias del maltrato que pueda darles la humanidad en el ejercicio de su actividad cotidiana y para sumar voluntades en el ámbito mundial a fin de alcanzar un desarrollo sostenible de ellos, que permita garantizar a las futuras generaciones un adecuado aprovechamiento de sus recursos.

Océanos sanos, planeta sano
Al igual que en el 2015, el eslogan de la ONU está dirigido este año a reflexionar sobre el particular aspecto relacionado con la necesidad de garantizar un estado de salubridad en los océanos y de los mares que forman parte de ellos, que permita una provisión de recursos naturales apropiadamente sana.

Con esa orientación, la ONU llama la atención sobre el problema de la contaminación que afecta a los océanos, poniendo el énfasis en la necesidad de detener la causada por los plásticos que son arrastrados por las aguas de escorrentía, entre cuyos efectos destaca la alteración de la vida marina por la acumulación de enormes cantidades de bolsas plásticas que en algunos casos, al ser ingeridos por las diversas especies que pueblan sus hábitats les provocan trastornos  y  hasta su muerte. También como suele ocurrir, resultan atrapados por recipientes lanzados de manera irracional a los mares, según denuncian movimientos ecologistas de todo el mundo.

La dimensión de este problema se evidencia en las llamadas islas plástica o islas de basura, localizadas una en el océano Pacífico con una dimensión de 1.600 km2;  y la otra en el norte del Atlántico, que aunque no se precisa su dimensión, informes revelan que acumulan unas 200 mil piezas plásticas por kilómetro cuadrado.

La insalubridad de los océanos está relacionada también con el vertido de sustancias nocivas para la fauna marina, especialmente petróleo y productos químicos, por causas de los derrames que de manera continua son denunciados en todo el mundo pese a las estrictas regulaciones que se emanan de los organismos vinculados a la ONU con responsabilidades en el área ambiental. También los vertidos de origen doméstico e industrial ocupan un lugar predominante entre las causas de la contaminación marina, lo cual repercute en la calidad de los alimentos y medicamentos que se extraen del mar y que colocan en riesgo la propia salud humana, según lo señalan los científicos que han alertado sobre tal situación.

Datos y cifras reveladoras
El  portal de la ONU  (http://www.un.org/es/events/oceansday) nos ubica en una realidad que nos permiten comprender con cierta aproximación, aspectos relacionados con la situación de los océanos. Entre ellos los siguientes:

  • De los 1.300.000.000 km³ de superficie que abarcan los océanos, solamente 1% se encuentra protegida.
  • Entre un 50 y un 80% de la vida en la Tierra se encuentra bajo la superficie del océano, que constituye 90% del espacio habitable del planeta. Menos de 10% de este espacio ha sido explorado hasta ahora por el Hombre.
  • Un conjunto de organismos marinos minúsculos, que conforman el fitoplancton, producen la mitad del oxígeno de la atmósfera mediante la fotosíntesis.
  • Los océanos contienen 96% de todo el agua de la Tierra. El resto es agua dulce que se encuentra en forma de ríos, lagos y hielo.
  • El océano absorbe anualmente cerca del 25% del CO2 que se agrega a la atmósfera debido a la actividad humana, reduciendo así el impacto de este gas con efecto de invernadero en el clima.
  • El conjunto de los ecosistemas costeros que actúan como sumideros de carbono, como los manglares, las marismas salinas y las praderas submarinas pueden contener una cantidad de carbono cinco veces superior a la de los bosques tropicales

Cómo contribuir
Aunque pudiéramos pensar que es poco lo que individualmente podamos aportar a la salubridad de esos gigantescos espacios que nos lucen interminables cuando tenemos la oportunidad de viajar sobre ellos, debemos tener presente que cualquier comportamiento local que adoptemos en relación con nuestro ámbito de desenvolvimiento, influye sobre el ambiente planetario, pues se trata de un amplio sistema interrelacionado, donde lo que hagamos en un aparente micro espacio del mundo, se sumará a otras acciones similares en otros lugares del mundo para generar un efecto global.

Visto así, podemos comenzar por nuestros propios hogares: a) evitando los consumos innecesarios y muchas veces irracionales, entre ellos el de las bolsas plásticas que de algún modo irán a parar a los mares y océanos, causando entre otros, los daños que hemos mencionado, b) evitando el consumo exagerado y el desperdicio de los recursos que nos brinda la naturaleza, entre ellos del agua, c) procurando que se garantice en nuestras comunidades el tratamiento de las aguas residuales que se originan en nuestras viviendas e industrias, d) reduciendo de manera considerable el uso de energía, especialmente la proveniente de combustibles fósiles, que contribuyen al aumento de la temperatura y en general, acordémonos de poner en práctica la fórmula de las Tres R: reutilizar, recuperar y reciclar, para reducir la producción de basura desde nuestro ámbito doméstico.

 

@CIRCULOAMBIENTE

 

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